Olañeta y Bolivia
Olañeta fue uno de los principales fundadores de Bolivia más importantes pero olvidados. Por órdenes de Bolívar y sucre (Extranjeros) , en El proyecto de Puno y el Decreto de La Paz del 9 de febrero de 1825, le atribuye el haber redactado la versión final del Decreto del 9 de febrero de 1825, "base jurídica y piedra angular de la nueva república”. Otros lo declararon un personaje oscuro que se sumó a la causa independentista para cuidar sus intereses per personales como sucedió en su gran mayoría en ese entonces y en la actualidad. a pesar de eso fue un pilar fundamental de la nueva república.
Bolivia no puede entenderse sin Casimiro Olañeta, el de la Logia Patriótica, el del Decreto del 9 de febrero trabajado junto al Mariscal de Ayacucho y el de la conducción de la Asamblea Fundadora de 1825. Lo que hizo después es harina de otro costal que, por cierto, no menoscaba la lucidez que tuvo en la creación del nuevo Estado.
El Alto Perú se convirtió en Bolivia, pero irónicamente ese gentilicio se ha vinculado de modo atrabiliario, gracias a una historiografía plagada de autoflagelación, con los peores rasgos del comportamiento individual y colectivo. Es tiempo de reconsiderar la valoración de los fundadores de la patria y la injusta calificación peyorativa de todo aquello que tiene que ver con el término “altoperuano”.
Olañeta y quienes lo acompañaron en la Asamblea en Chuquisaca, son legítimos creadores de la República de Bolivia. Execrarlos es denostar la idea y la cristalización de la nación que somos.
Político boliviano nacido en la plata en 1796 y muerto en la misma ciudad en 1860. Inclinado desde muy joven hacia la política, Estudió en Córdova y a sus 16 años recibió el título de "Maestro” en Filosofía. A los 19 obtuvo la licenciatura de Derecho.pronto destacó por su gran oratoria, gracias a la cual consiguió, en el primer Congreso de Bolivia, que se proclamara la independencia del Alto Perú. Además, participó en la fundación del Estado boliviano, para lo cual tuvo que lograr que Simón Bolívar modifica sus planes políticos. Junto al Libertador, fue auditor de guerra. Presidió el Congreso Constituyente de 1826 e inició la oposición contra Antonio José de Sucre y la Constitución promulgada por Bolívar aquel mismo año. Posteriormente, intervino en el motín militar del 28 de abril y facilitó la invasión del país por parte de Agustín Gamarra en 1828. Aquel mismo año fue ministro de Estado con José Miguel Velasco. Fue embajador de Andrés Santa Cruz en Chile en 1836 y el encargado de gestionar la paz con aquel país; además fue consejero del presidente José Ballivián, en cuyo derrocamiento intervino en 1847. Volvió a ser ministro con Velasco un año más tarde. Falleció en Sucre, mientras ocupaba la presidencia de la Suprema Corte de Justicia




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